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martes, 15 de septiembre de 2026

El sesgo de la empatía: cuando la ideología justifica el crimen y destruye la agencia femenina


En la conversación cultural de hoy se ha abierto una grieta ética que ya no se puede disimular. Por un lado, se juzga con severidad preventiva cualquier desborde emocional masculino: el hombre que golpea una pared es catalogado de inmediato como agresor en potencia, sin matices ni contexto. Por otro lado, cuando una mujer comete un acto de violencia letal —como el caso de Lindsay Clancy, acusada de terminar con la vida de sus tres hijos—, ciertos sectores del activismo despliegan una red de protección emocional. Se habla de sobrecarga, de colapso, de falta de redes de apoyo. Se busca, casi con desesperación, cualquier atenuante que salve la narrativa.

Esta asimetría no es compasión. Es ideología disfrazada de empatía. Y, como siempre, las que terminamos pagando el precio somos nosotras.

### La trampa del “efecto las mujeres son maravillosas”

En psicología social existe un fenómeno bien documentado llamado *Women are wonderful effect*: la tendencia automática a asociar lo femenino con atributos intrínsecamente positivos (bondad, empatía, protección). Cuando una mujer comete algo atroz, la mente ideologizada se resiste a mirarla como responsable plena. Busca la culpa fuera: en el sistema, en la pareja, en la falta de apoyo, en el “patriarcado”. Incluso cuando las pruebas muestran un entorno de contención, se insiste en *target the man*. Porque admitir que una mujer puede ser capaz de violencia deliberada rompe la imagen sagrada que se quiere proteger.

Esa protección no es sororidad. Es una jaula de terciopelo.

Y no es nuevo. Ya veíamos algo así cuando las “loquitas únicas y diferentes” le mandaban cartas de amor a los asesinos guapos o emulaban a Harley Quinn en lugar de a Wonder Woman. Se romantiza la locura, la peligrosidad y la transgresión siempre que quepan en el molde de lo femenino “especial”, “incomprendido” o “roto por el sistema”. La misma lógica que absuelve, idealiza o convierte en símbolo a quien debería ser simplemente juzgada por sus actos.

### El peligro de absolver mediante la biología o el colapso

Se dice que las fluctuaciones hormonales, el estrés o los trastornos mentales pueden explicar —y a veces casi justificar— la violencia femenina. El efecto boomerang es devastador. Si aceptamos que la biología o el agotamiento anulan la voluntad de una mujer hasta el extremo de cometer un crimen, la estamos despojando de su **agencia moral y jurídica**.

Reducir a la mujer a un ser que “no pudo controlarse” no es empatía. Es infantilización. Y, paradójicamente, es el mismo argumento paternalista que históricamente se usó para excluirnos de la vida pública, de los contratos y de la responsabilidad plena. Si no somos capaces de responsabilizarnos de nuestros actos más graves, ¿sobre qué base reclamamos igualdad real?

Los trastornos mentales están presentes en la mayoría de los asesinos en serie y tiradores masivos. Casi nadie usa esa patología como escudo moral absoluto para absolverlos. Exigir empatía selectiva según el género no es justicia: es manipulación.

### Consistencia ética o nada

La igualdad genuina exige un equilibrio absoluto entre derechos y responsabilidad. Cuando la compasión deja de basarse en los hechos y se subordina a la agenda ideológica, deja de ser virtud y se convierte en herramienta. Se protege la narrativa a costa de las víctimas reales y a costa de la dignidad de todas las mujeres que sí ejercemos autocontrol y responsabilidad cada día.

El verdadero empoderamiento no consiste en que nos absuelvan por ser mujeres. Consiste en que se nos reconozca la misma capacidad de bien y de mal que a cualquier ser humano adulto. Todo lo demás es un espejismo que, a la larga, nos debilita.

Tu dignidad no necesita que te traten como eterna víctima potencial ni como ser incapaz de responsabilidad. Necesita que te miren de frente, con los mismos estándares éticos que se aplican a cualquiera.

Tú decides, mi amor. Pero hazlo con los ojos bien abiertos y sin dejar que la ideología te robe la agencia que tanto costó conquistar.